Adviento: qué es, cuándo comienza
y cómo vivir este tiempo de esperanza
El Adviento nos prepara, con esperanza y oración, para la venida de Cristo y la celebración de la Navidad.

Es el tiempo en el que la Iglesia nos invita a abrir el corazón a la venida del Señor. Son semanas marcadas por la esperanza, la conversión y la preparación interior para recibir a Jesús que nace.
¿Qué significa la palabra Adviento?
La palabra Adviento proviene de adventus, que significa “llegada”.
En los primeros siglos del cristianismo, este término se usaba para referirse a la visita solemne de un rey o de una autoridad importante. La Iglesia adoptó esta palabra para expresar la venida del Rey que transforma la historia: Jesucristo.
Este origen etimológico nos invita a reconocer que la Navidad es una llegada viva, capaz de renovar nuestra esperanza y transformar nuestro presente.
Por eso el Adviento está lleno de esperanza,
vigilancia y alegría.
¿Cuándo comienza el Adviento y cuánto dura?
El Adviento comienza cuatro domingos antes de Navidad.
Eso significa que cada año la fecha cambia, y puede iniciar entre el 27 de noviembre y el 3 de diciembre. Su duración cubre cuatro semanas litúrgicas completas, hasta la tarde del 24 de diciembre, cuando inicia la Misa de Nochebuena.
Para muchos creyentes este tiempo se convierte en una oportunidad para retomar la oración, hacer propósitos espirituales y preparar el corazón para la Navidad.
Símbolos del Adviento
Los símbolos del Adviento ayudan a vivir este tiempo con más profundidad.
La corona y las cuatro velas
La corona de Adviento está hecha de ramas verdes, símbolo de vida. Sobre ella colocamos cuatro velas, una para cada domingo.
Cada velita encendida representa la luz que crece en medio de la espera.
- La primera vela recuerda la esperanza.
- La segunda invita a la conversión.
- La tercera, de color rosado, expresa la alegría porque el Señor está cerca.
- La cuarta prepara la llegada inmediata de la Navidad.
La corona de Adviento es un signo sencillo y profundo: su forma circular nos recuerda que el amor de Dios no tiene principio ni fin.
El color litúrgico morado
Simboliza la preparación interior y el deseo de abrir el corazón a la venida del Señor.
No es un color triste: es un tono que invita a la profundidad, al silencio y a volver al corazón.
La vela rosada del Domingo Gaudete
En el tercer domingo, llamado Domingo Gaudete (“Alégrense”), se enciende la vela rosada.
Es un pequeño descanso en el ritmo del Adviento: una señal de alegría anticipada, porque la Navidad está cerca.
La liturgia de ese día cambia de tono y nos recuerda que la esperanza cristiana nunca decepciona.
El pesebre
El pesebre es la representación del nacimiento de Jesús, un signo sencillo que nos recuerda que Dios quiso venir al mundo en humildad y cercanía.
Preparar el pesebre durante el Adviento nos ayuda a contemplar el misterio de la Encarnación. Cada figura —la Virgen, San José, los pastores, los ángeles— nos recuerda que Dios se hizo niño para compartir nuestra vida.
Tradiciones del Adviento
El Adviento tiene muchas costumbres que ayudan a vivir la fe con alegría y preparación.
- Preparar el pesebre: Representa el nacimiento de Jesús y nos invita a abrir el corazón con humildad y sencillez. Prepararlo poco a poco ayuda a contemplar la cercanía del Señor.
- Rezar la Novena de Navidad: Tradición muy viva en Hispanoamérica. Del 16 al 24 de diciembre, prepara la fe en familia y nos acompaña hacia el nacimiento del Niño Jesús.
- Participar en las Misas del Adviento: Cada domingo, la liturgia nos guía con la Palabra que renueva la esperanza y nos ayuda a disponernos para la venida del Señor.
- Encender la corona de Adviento: Cada vela representa una semana de preparación. La luz que crece simboliza la cercanía de Jesús y el despertar del corazón.
- Rezar en familia al caer la tarde: Un momento sencillo de oración une el hogar y abre espacio para la presencia de Dios en medio de la rutina diaria.
- Realizar gestos de caridad: El Adviento invita a actos concretos de amor: acompañar, donar, escuchar o ayudar a quien más lo necesita.
- Oración y penitencia: Tiempo de conversión serena: reconciliarnos, guardar silencio interior y ordenar la vida para acoger al Señor.
- Hacer propósitos espirituales: Pequeños compromisos —paciencia, perdón, oración diaria— que preparan el corazón con sencillez.
- Llevar un calendario de Adviento: Ayuda a vivir la espera día a día con gestos, oraciones o citas bíblicas, especialmente útil para niños y familias.
Estas prácticas, vividas con sencillez, mantienen encendida la fe.
El sentido espiritual del Adviento
El Adviento nos ofrece tres actitudes fundamentales:
- Esperanza: Recordamos que Dios cumple sus promesas. Jesús nace en la humildad, pero trae una luz que ilumina toda oscuridad.
- Vigilancia interior: Estar vigilantes es vivir atentos a la voz de Dios en la vida diaria, con confianza y amor.
- Conversión: El Adviento invita a dejar aquello que pesa, sanar lo que se ha roto y recuperar la paz. Es un tiempo propicio para reconciliarnos.
Cómo vivir el Adviento hoy
Aunque las semanas del Adviento pasan rápido, siempre podemos darle un sentido especial:
- Buscar un espacio diario de silencio o oración breve.
- Encender la corona cada domingo y meditar un texto bíblico.
- Hacer un gesto de caridad cada semana.
- Preparar el pesebre de manera progresiva.
- Renunciar a pequeñas cosas que distraen para abrir espacio interior.
Se trata de caminar con serenidad, dejando que Dios encuentre un lugar en nuestra vida.
Oración para comenzar el Adviento
Señor Jesús,
en este tiempo de espera quiero abrir mi corazón para recibir tu luz.
Tú conoces mis cansancios, mis miedos y mis búsquedas.
Ven y renueva en mí la esperanza,
enséñame a vivir con fe y a caminar con confianza.
Que este Adviento sea un camino hacia ti,
para celebrar tu nacimiento con un corazón renovado.
Amén.
Una invitación para caminar juntos
Queremos acompañarte en cada domingo con palabras sencillas que ayuden a orar.
En cada una de las páginas dedicadas a los domingos de adviento encontrarás la meditación del Evangelio, una oración para ese día y una breve reflexión que puedas llevar a tu vida cotidiana: en casa, en el trabajo, o en los momentos en que busques paz.
El Adviento es un tiempo breve, pero lleno de gracia. Vale la pena vivirlo despacio, con atención y con un corazón abierto. El Señor ya viene; caminemos con esperanza.
