Homilía domingo de la
Sagrada Familia 2025
Padre Reegan Soosai, CMF
Misionero Claretiano
La Sagrada Familia nos recuerda que Dios no habita en familias perfectas, sino en hogares reales, marcados por el amor, la fidelidad y la confianza.

Queridos hermanos y hermanas en Cristo,
En este hermoso domingo de la Sagrada Familia 2025, la Iglesia nos invita a reflexionar, no sobre una familia idealizada, sino sobre familias reales, con alegrías reales, luchas reales y esperanzas reales.
Pertenecemos a nuestra familia biológica inmediata, luego a la familia humana y a la familia de la Iglesia
¿Cómo es nuestro sentido de pertenencia a estas familias?
En la antigua Roma, la palabra familia no significaba solo padres e hijos como lo entendemos hoy. Se refería a todas las personas que vivían en el mismo hogar. Esto incluía a padres, hijos, parientes y también a sirvientes y esclavos.
De hecho, la raíz de familia proviene del latín famulus, que significa sirviente o miembro de un hogar. Hoy, el concepto de familia tiene un significado y un propósito diferentes.
Hace algunos años, se realizó un estudio para encontrar la ciudad de los Estados Unidos con la menor incidencia de cáncer y enfermedades del corazón. La ganadora fue Roseto, Pensilvania. Pronto, expertos llegaron a la ciudad esperando ver un pueblo poblado por no fumadores, personas que comían adecuadamente, hacían ejercicio regularmente y controlaban de cerca su colesterol.
Sin embargo, para su gran sorpresa, los investigadores descubrieron que nada de esto era cierto. En cambio, encontraron que:
La buena salud de la ciudad de Roseto, estaba relacionada con los fuertes lazos familiares que prevalecían en la comunidad. Esto sugiere que hay mucho que decir a favor de una relación familiar cercana y amorosa.
Diferentes tipos de familias hoy
Cuando miramos a nuestro alrededor hoy, nos damos cuenta de que la vida familiar adopta muchas formas.
- Algunas familias son grandes; otras son pequeñas.
- Algunas están formadas por un padre, una madre y sus hijos; otras son familias monoparentales.
- Algunas incluyen abuelos que crían a sus nietos.
- Algunas parejas luchan con la infertilidad.
- Algunas familias son reconstituidas, formadas después de una separación o una pérdida.
- Algunas familias viven juntas; otras están separadas por la distancia, la migración o el trabajo.
Hay familias llenas de alegría y estabilidad, y hay familias marcadas por el dolor, el conflicto, la incomprensión y el silencio.
Sin embargo, a pesar de estas diferencias, una verdad permanece: toda familia está llamada a ser un lugar de amor, cuidado y crecimiento. Ninguna familia es perfecta, pero cada familia es preciosa a los ojos de Dios.
Los desafíos que enfrentan las familias hoy
La vida familiar hoy no es fácil.
- Muchas familias enfrentan presiones económicas: el aumento del costo de la vida, la inseguridad laboral y el estrés financiero.
- Los padres luchan por equilibrar el trabajo y la vida familiar.
- Los jóvenes enfrentan confusión sobre su identidad, sus relaciones y su propósito.
- La comunicación dentro de las familias a menudo se debilita por las pantallas, las redes sociales y las agendas ocupadas.
También vemos:
- Un debilitamiento del compromiso.
- El miedo a las promesas para toda la vida.
- Heridas causadas por la separación, el divorcio o la ausencia.
- La falta de tiempo compartido.
- La pérdida de la oración en el hogar.
A veces, las familias se sienten abrumadas, desanimadas o solas. Y en esos momentos, pueden preguntarse:
¿Dónde está Dios en todo esto?
Mirando a la Sagrada Familia: no perfecta, sino fiel
Hoy, la Iglesia nos presenta a la Sagrada Familia de Nazaret: Jesús, María y José.
A primera vista, podríamos pensar que fueron una familia perfecta, sin problemas. Pero cuando miramos más de cerca, descubrimos algo muy diferente:
María enfrentó incomprensión y miedo; José luchó con la incertidumbre y decisiones difíciles; experimentaron la pobreza; se vieron obligados a huir como refugiados a Egipto; vivieron bajo opresión política; perdieron a Jesús durante tres días en Jerusalén.
La Sagrada Familia conoció la ansiedad, el desplazamiento y la lucha. Lo que los hizo santos no fue la ausencia de problemas, sino su confianza en Dios y su fidelidad mutua.
¿Qué podemos aprender de la Sagrada Familia?
Primero: Dios está en el centro.
La Sagrada Familia nos enseña que cuando Dios está en el centro, incluso las situaciones difíciles se convierten en lugares de gracia. La oración, la escucha de Dios y la confianza en su plan los sostuvieron.
José nos enseña el amor silencioso, la responsabilidad y la protección.
María nos enseña la apertura, la reflexión y la confianza.
Jesús nos enseña la obediencia, la humildad y el crecimiento dentro de una familia.
Segundo: el amor se muestra en la fidelidad cotidiana.
La santidad no se encuentra en actos extraordinarios, sino en el amor ordinario vivido fielmente cada día.
Tercero: la familia es un lugar de crecimiento.
Jesús “crecía en sabiduría, edad y gracia”. Ese crecimiento ocurrió dentro de una familia.
Las familias están llamadas a ser lugares donde crecemos emocional, espiritual y humanamente.
Un mensaje de esperanza para todas las familias
Queridos hermanos y hermanas, la Fiesta de la Sagrada Familia no es una carga, sino un mensaje de esperanza.
Si tu familia está luchando, sabe que Dios camina contigo.
Si tu familia está rota, sabe que Dios puede sanar.
Si tu familia se siente imperfecta, recuerda: Nazaret tampoco fue perfecto.
Lo que Dios pide a nuestras familias no es perfección, sino amor, paciencia, perdón y confianza.
Preguntémonos hoy:
- ¿Cómo puede mi familia convertirse en un lugar de mayor amor?
- ¿Cómo podemos escucharnos más, perdonarnos más y orar más?
- ¿Cómo podemos hacer espacio para Dios en nuestra vida familiar cotidiana?
En esta Fiesta de la Sagrada Familia, confiemos todas nuestras familias —tradicionales y no tradicionales, fuertes y frágiles— en las manos amorosas de Dios.
Que nuestras familias se conviertan en escuelas de amor, fe y esperanza,
donde Dios se sienta verdaderamente en casa.
Amén.

