Reflexión del segundo domingo de Adviento:
Muestren frutos de un sincero arrepentimiento

Padre Reegan Soosai, CMF
Misionero Claretiano

Una invitación a la conversión profunda centrada en la metanoia: un cambio interior guiado por el Espíritu Santo.

Audio Padre Reegan

¿Como podemos reorientar nuestra mente y corazón hacia Dios saliendo de las cosas temporales?

El evangelio de este domingo nos invita a la conversión. Hay una palabra en griego para la conversión que es Metanoia. 

Podemos reorientar nuestra mente y nuestro corazón hacia Dios saliendo de las cosas temporales mediante un camino interior que la tradición espiritual llama metanoia.

Metanoia es un cambio profundo de mentalidad, de dirección y de prioridades. También quiere decir tener una mente mas grande, mas abierta y más inclusiva.

Lo contrario de metanoia es la paranoia, que habla de una mente pequeña y limitada. En este contexto, no se trata solo de pensamientos, sino de la manera de vivir, de percibir y de responder a la realidad.

La palabra metanoia viene del griego μετά (más allá) y νοῦς (mente, entendimiento). Literalmente significa cambio de mentetransformación profunda del corazón o una manera nueva de ver y vivir la realidad.

En la Biblia, especialmente en el Nuevo Testamento, metanoiase traduce como conversión o arrepentimiento, pero va mucho más allá de un simple remordimiento:

Es un movimiento interior por el cual la persona se abre al amor de Dios, deja atrás el pecado y se orienta hacia una vida nueva guiada por el Espíritu Santo.

Aquí te presento algunas claves concretas y prácticas que pueden ayudarte en tu reflexión o predicación.

1. Reconocer la sed profunda del corazón

El primer paso es darnos cuenta de que nada temporal puede llenar el deseo infinito que llevamos dentro. San Agustín lo expresa así: 

“Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti.”
(San Agustín)

La inquietud espiritual es una invitación de Dios a mirar más alto y más adentro.

2. Nombrar y soltar los apegos

Las cosas temporales no son malas en sí mismas; lo dañino es el apego que nos ata interiormente.
Reorientarse hacia Dios es aprender a usar las cosas sin poseerlas, y a valorarlas sin que ocupen el lugar del Señor.

Preguntas útiles:

• ¿Qué situaciones, temores o deseos ocupan demasiado mi corazón?

• ¿Qué me roba la paz cuando no lo tengo?

• ¿Qué me impide ser libre para Dios?

3. Contemplar a Cristo como centro

La conversión auténtica no es solo dejar cosas, sino dirigirnos hacia Alguien.

Poner a Cristo en el centro significa:

• Buscar su mirada en la oración

• Dejar que su Palabra juzgue nuestros pensamientos

• Discernir las decisiones según su criterio, no el nuestro

• Practicar su estilo: mansedumbre, entrega, servicio

Él reordena lo que nosotros no podemos.

4. Cultivar momentos de silencio

El ruido nos ancla a lo superficial. El silencio interior y exterior nos ayuda a escuchar a Dios y a ver el mundo con claridad.

Prácticas sencillas:

• 5 minutos de silencio al despertar

• Un rato de adoración eucarística

• Oración contemplativa con respiración tranquila

• Caminar despacio en la naturaleza con una jaculatoria

5. Vivir la presencia de Dios en lo cotidiano

No se trata de huir del mundo, sino de vivirlo desde otra profundidad, con conciencia de que Dios está presente en cada momento.

Pequeños actos que transforman el día:

• Ofrecer la jornada en la mañana

• Hacer una pausa de 10 segundos antes de reaccionar

• Repetir “Señor, tú estás aquí” en medio del trabajo

• Hacer obras concretas de caridad que abren el corazón

6. Purificar el corazón mediante la humildad y la confesión

El orgullo nos encierra; la humildad nos vuelve permeables a Dios.

La conversión se sostiene cuando dejamos que Dios toque nuestras heridas, perdone nuestros pecados y nos renueve interiormente.

7. Alimentarse de la Palabra y la Eucaristía

La mente se reorienta con la Palabra y el corazón se reorienta con la Eucaristía.

• La Palabra ilumina

• La Eucaristía transforma

• La comunidad sostiene

• La misión ordena la vida hacia el amor

8. Vivir con un horizonte eterno

Salir de las cosas temporales no es despreciarlas, sino verlas a la luz de la eternidad.

Cuando recordamos que somos peregrinos, nuestras prioridades cambian:

• Menos ansiedad por tener

• Más deseo de amar

• Menos miedo al futuro

• Más confianza en la Providencia

Así que queridos hermanos, vivamos esta segunda semana del adviento con una conversión transformadora y constante.
¡Que Dios los bendiga!

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