Reflexión del tercer domingo de Adviento:
Felicidad y la duda de Juan el Bautista

Padre Reegan Soosai, CMF
Misionero Claretiano

La verdadera alegría nace cuando dejamos de exigirle a Dios que cumpla nuestras expectativas y aprendemos a confiar en su amor.

Audio Padre Reegan

Diferencia entre felicidad y alegría

Antes de comenzar la reflexión quiero hacer la diferencia entre la felicidad y la alegría según la Real Academia Española.

La felicidad es un estado de grata satisfacción espiritual y física, o una persona/situación que contribuye a ello, mientras que la alegría es un sentimiento grato y vivo que se manifiesta con signos exteriores, como la risa o el entusiasmo, y se experimenta ante algo agradable.

La RAE distingue que la alegría es más inmediata y visible (un sentimiento), mientras que la felicidad puede ser un estado más profundo y duradero (una satisfacción plena).
Pero aquí voy a usar la palabra alegría en el sentido de felicidad más profunda.

¿cómo puedo ser más feliz?

Queridos hermanos, al encender la vela de la felicidad de este domingo, nos hacemos la pregunta:

¿cómo puedo ser más feliz en mi vida?

En la Iglesia este domingo es celebrado como Gaudete Domino, el domingo de la alegría. El Evangelio de este domingo (Mateo 11, 2-11) nos recuerda que Jesús quiere que nuestra alegría sea auténtica y duradera, como Él mismo dice:

“Les he dicho esto para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea plena.”
(Juan 15,11)

El pueblo nicaragüense hace una gritería en la fiesta patronal de su país:

¿Quién causa tanta alegría?
El pueblo responde: La Concepción de María.

Y yo te pregunto hoy: 

¿Quién causa tanta alegría para ti? ¿Y por qué?

Sabemos que la alegría es uno de los frutos del Espíritu Santo (Gálatas 5,22). Pero la alegría tiene dos alas o dos fundamentos: Uno es el Amor de Dios; el otro es el amor al prójimo, que se vive en el servicio.

¿Estás convencido de que tu vida cristiana y humana está fundamentada en el amor personal de Dios?

No es un sentimiento, sino una experiencia personal, profunda e íntima.

A pesar de tus fallas y pecados,

¿sabes que Dios te ama?

Si no estás convencido, entonces hazte la pregunta: 

¿por qué?

Si estás convencido de que tu vida está en el Amor de Dios, entonces tendrás alegría profunda. Y puedes vivir esta alegría si estás al servicio de los demás con un servicio incondicional.

Pregúntate: 

¿A quién y cómo he ayudado en los últimos cinco días sin pensar en la recompensa?

Estos días estoy motivando a mis amigos y familiares a ayudar a unas 200 familias en el norte de la India y en Bangladesh que necesitan vestidos de invierno.

Yo envié un mensaje de WhatsApp a mis familiares y mi mamá dijo a mi hermana: “¿Por qué el padre nos está pidiendo ayudar a otros si nosotros mismos necesitamos ayuda?” Luego decidió ayudar a 5 personas.
Un amor desinteresado y una ayuda desinteresada nos causan una alegría y una felicidad profundas.

Las dudas de Juan el Bautista

Ahora vamos a abordar la segunda pregunta:

¿por qué Juan el Bautista tenía duda sobre Jesús?

Jesús, después de hablar con los discípulos de Juan, dice: 

“Feliz —makarios— el que no tropieza por mi causa”
(Mt 11,6)

Juan tenía duda porque, según la profecía de Isaías, el Mesías debía liberar a los prisioneros, y ahora Juan se encuentra en la prisión y Jesús no parece hacer nada. Por eso Juan duda.

Muchas veces eso pasa con nosotros. Tenemos muchas expectativas de Jesús, y cuando las cosas no salen según nuestra voluntad o expectativa, comenzamos a dudar.

Decimos:
“En la vida de otros todo va bien, pero en mi vida nada va bien.”

Queremos que Dios haga nuestra propia y limitada voluntad. Pero Dios no entra en ese juego. Ahí justamente estamos invitados a purificar la imagen de Dios, como Juan tuvo que hacerlo con Jesús.

Claro que Jesús va a liberar a la gente de sus prisiones, pero ellas son prisiones espirituales, mentales, afectivas. Tener una imagen de Dios muy emocional o infantil es poner a Dios en una prisión y querer dominarlo.

Pues, queridos hermanos, el Evangelio de hoy nos enseña que:

Solamente purificando la imagen de Dios podemos tener una alegría profunda y una felicidad fecunda.

Cuando Juan entendió esto, ya no le importó dar la vida misma por la causa justa y grande del Reino.
Que Juan el Bautista interceda por nosotros.

Alégrense, hermanos, porque el Reino de Dios está dentro de ustedes.

Prácticas concretas para cultivar esta alegría

Para vivir esta alegría profunda que describe el Evangelio, te invito esta semana a:

1. Agradecer tres cosas concretas cada día y ofrecérselas al Señor.

2. Realizar un acto de servicio oculto, por amor a Dios.

3. Dedicar 10 minutos diarios de silencio ante Dios, para purificar tu imagen de Él.

4. Compartir un bien material con alguien que lo necesita.

5. Repetir varias veces al día la frase del salmista: “El Señor es mi alegría.”

6. Buscar a una persona que sufra y acompañarla sin juzgar.

7. Practicar el perdón inmediato, sin guardar rencores.

8. Sonreír intencionalmente, como expresión exterior de la alegría interior que Dios te da.

Así que queridos hermanos, vivamos esta tercera semana del adviento con una alegría profunda y una felicidad fecunda
¡Que Dios los bendiga!

Subir

Utilizamos cookies para mejorar tu experiencia en nuestro sitio. Al continuar navegando, aceptas su uso Saber más