Cuarto domingo de Adviento:
21 de diciembre de 2025
Llegamos al último domingo de Adviento. Estamos ya a las puertas de la Navidad y la liturgia nos conduce a la anunciación del ángel a María.

Bendición inicial
En el nombre del Padre,
y del Hijo,
y del Espíritu Santo.
Amén.
Cuarta vela de
la corona de Adviento
La cuarta vela, de color morado o blanco, simboliza la plenitud de la espera y la cercanía inmediata de la Navidad. Es la luz que completa el camino y anuncia que el Señor está muy cerca.
Este domingo nos pone frente a María, cuyo corazón disponible muestra que la fe verdadera es sencilla y confiada. La Navidad está ya a un paso, y la luz que llega no es abstracta: entra en lo concreto, en lo frágil y cotidiano, tal como lo hizo en ella.
Contemplamos así cómo la promesa se cumple: Dios viene, y lo hace en un corazón que sabe abrirse a su voluntad.
Encendemos ahora en silencio la cuarta vela de color morado o blanco de nuestra corona de Adviento
Este domingo su luz se une a las de las semanas anteriores y permanecen encendidas las cuatro velas de la corona
Oración después de encender
la cuarta vela la corona de Adviento
Señor Jesús,
al contemplar a María quiero aprender a decirte sí con humildad.
Toca mi corazón para que sea un espacio abierto a tu presencia.
Que tu luz transforme mis temores en confianza
y me prepare para recibirte con un amor más limpio.
Meditación
cuarto domingo de Adviento
Meditemos unos momentos en esta luz que completa nuestra corona.
Que la presencia de María nos ayude a preparar la Navidad desde el silencio, la fe y la confianza.
Pidamos la gracia de recibir a Jesús con un corazón sencillo y agradecido.
Evangelio del
cuarto domingo de Adviento
Lucas 1:26–38 (RVA 1909)
Y al sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado de Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret,
a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María.
Y entrando el ángel en donde ella estaba, dijo:
¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres.
Mas ella, cuando le vio, se turbó de sus palabras, y pensaba qué salutación fuese ésta. Entonces el ángel le dijo:
María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios.
Y he aquí, concebirás en tu seno, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús.
Éste será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y le dará el Señor Dios el trono de David su padre;
y reinará en la casa de Jacob por siempre; y de su reino no habrá fin.
Entonces María dijo al ángel:
¿Cómo será esto? pues no conozco varón.
Y respondiendo el ángel le dijo:
El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la potencia del Altísimo te cubrirá con su sombra;
por lo cual también lo Santo que nacerá, será llamado Hijo de Dios.
Y he aquí tu parienta Elisabeth, ella también ha concebido hijo en su vejez; y éste es el sexto mes con ella, que era llamada estéril;
porque ninguna cosa es imposible para Dios.
Entonces María dijo:
He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra.
Y el ángel se fue de ella.
Palabra de Dios
R/ Te alabamos Señor
Reflexión del
cuarto domingo de Adviento
Este domingo nos acerca al misterio de la Encarnación desde el corazón de María. Su “hágase” no fue una palabra ligera, sino una entrega total, un acto profundo de fe que abrió la historia a la salvación. Ella no entendió todo de inmediato, pero confió. Dejó que Dios actuara en ella sin resistencias.
El Evangelio nos invita a hacer lo mismo: dejar que el Señor entre en nuestra vida sin condiciones, sin cálculos, sin temores. Preparar la Navidad no es una tarea exterior, sino un movimiento interior: acoger la presencia de Dios que viene a renovarlo todo desde dentro.
La corona completa nos recuerda que el camino está hecho. Ya solo queda abrir el corazón como María y decir: “Señor, ven. Aquí estoy.”
Oración y bendición final
cuarto domingo de Adviento
Señor, que vienes a salvarnos,
Ilumina nuestros corazones con una alegría profunda y serena. En medio de nuestras dudas o cansancios, ayúdanos a reconocer los signos que tu presencia viva nos da y a confiar en que Tú estás siempre con nosotros, sosteniendo nuestros pasos con amor.
Bendice nuestro hogar, nuestros proyectos y a quienes llevamos en el corazón. Que estos pocos días que faltan para la Navidad nos acerquen a ella con mucha esperanza.
En el nombre del Padre,
y del Hijo,
y del Espíritu Santo.
Amén.
