Novena a San José día 4: José, padre en la ternura

San José fue escogido por Dios para custodiar a Jesús y a María. Por eso acudimos a él con confianza, seguros de su protección e intercesión.

Audio Novena a San José día 4

Por la señal de la Santa Cruz,
de nuestros enemigos,
líbranos Señor Dios nuestro.

En el nombre del Padre,
y del Hijo y del Espíritu Santo,
Amén.

San José, fiel custodio de Jesús y María,
intercede por la salvación del alma mía.

San José, custodio fiel del Redentor,
tú que supiste confiar cuando no entendías,
enséñanos a vivir abiertos a la voluntad de Dios.

Padre silencioso y obediente,
acoge nuestras inquietudes,
protege nuestras familias
y guíanos siempre hacia Jesús.

Amén.

Lucas 2, 51

“Bajó con ellos a Nazaret y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba todo esto en su corazón.”

Jesús, el Hijo de Dios, quiso crecer en el seno de una familia.

En el silencio de Nazaret, José tuvo la misión de acompañar, cuidar y educar al Niño que el Padre le había confiado. No era su hijo según la carne, pero lo fue plenamente según el amor.

Cada día, José enseñó a Jesús muchas cosas sencillas: el trabajo, la oración, la vida cotidiana del pueblo. Pero también le ofreció algo aún más importante: la seguridad de un hogar, la protección de un padre, la ternura de una presencia cercana.

La paternidad de José no se impuso ni se proclamó. Se expresó en gestos discretos: en el cuidado, en el trabajo, en la atención constante.

Así actúa también Dios con nosotros. Nos acompaña con paciencia, nos sostiene cuando somos frágiles y nos guía con ternura a lo largo del camino.

En San José vemos que la verdadera autoridad nace del amor. Quien ama con ternura sabe cuidar, corregir y acompañar sin dureza.

En nuestras familias, en nuestras comunidades y en nuestras relaciones, todos estamos llamados a vivir esa misma ternura que construye y protege.

Recuerda las personas que han sido para ti una presencia de cuidado y de protección. Tal vez un padre, una madre, un familiar, un maestro o un amigo.

Da gracias a Dios por quienes te han acompañado con ternura.

San José,
enséñanos a amar con un corazón justo y misericordioso,
a proteger a quienes Dios ha puesto a nuestro lado
y a vivir nuestras relaciones con humildad y fidelidad.

Presenta con fe a San José la intención que hoy llevas en el corazón. Puedes escribirla y dejarla junto a una imagen suya como signo de confianza.

Hoy me propongo tener un gesto de ternura: una palabra amable, un acto de paciencia o una ayuda hacia alguien cercano.

  • a los padres y madres de familia
  • a los hijos que necesitan guía y protección
  • a quienes se sienten solos o sin apoyo
  • a las familias que atraviesan dificultades

Custodia nuestros hogares con tu ternura.

Padre nuestro que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

R/
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal.
Amén.

Dios te salve, María,
llena eres de gracia;
el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

R/
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R/
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
Amén.

San José, padre lleno de ternura,
enséñanos a cuidar con amor,
a acompañar con paciencia
y a reflejar la bondad de Dios en nuestra vida diaria.

San José ruega por nosotros

R/ para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo.
Amén.

En el nombre del Padre,
del Hijo y del Espíritu Santo,

Amén.

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