Novena de la Virgen de la Candelaria día 3

Reza la novena a la Virgen de la Candelaria y confía tus necesidades a la luz de Cristo.

Audio Novena de la Virgen de la Candelaria día 3

Novena de la Virgen de la Candelaria día 3

Por la señal de la Santa Cruz,
de nuestros enemigos,
líbranos Señor Dios nuestro.

En el nombre del Padre,
y del Hijo y del Espíritu Santo,
Amén.

¡Señor mío, Jesucristo!
Dios y Hombre verdadero,
Creador, Padre y Redentor mío;

por ser Vos quien sois, Bondad infinita,
y porque os amo sobre todas las cosas,
me pesa de todo corazón de haberos ofendido;


también me pesa porque podéis
castigarme con las penas del infierno.

Ayudado de vuestra divina gracia
propongo firmemente nunca más pecar,
confesarme y cumplir la penitencia
que me fuere impuesta.


Amén

Virgen santísima de la Candelaria,
madre que presentaste a tu Hijo en el templo
como luz para alumbrar a las naciones,
ilumina también nuestro camino.

Tú que llevas en tus brazos a Cristo,
enséñanos a recibirlo en el corazón
y a seguirlo con fe sincera.

Ampara nuestras necesidades,
consuela nuestras penas
y guíanos siempre hacia tu Hijo Jesús,
que vive y reina por los siglos de los siglos.

Amén.

Simeón esperó toda su vida la promesa de Dios.
Cuando por fin ve al Niño Jesús,
lo toma en sus brazos y reconoce la luz que salva.

En nuestra vida, Cristo también se hace presente,
pero no siempre lo reconocemos.
A veces lo buscamos en lo extraordinario
y no lo descubrimos en lo sencillo:
una palabra oportuna,
un gesto de amor,
un momento de paz inesperada.

María nos enseña a mirar con atención,
a guardar en el corazón lo que Dios va haciendo,
a no perder de vista su paso por nuestra historia.

Hoy pidamos la gracia de abrir los ojos de la fe,
de reconocer a Jesús en lo cotidiano
y de dejarnos iluminar por su presencia.

Virgen de la Candelaria,
ayúdanos a ver la luz de tu Hijo
en cada día de nuestra vida.

Nuestra Señora de la Candelaria,
tú escuchaste las palabras de Simeón en el templo,
cuando reconoció en tu Hijo la luz esperada por los pueblos.

Ayúdanos a reconocer también nosotros
la presencia de Cristo en nuestra vida,
incluso cuando llega de manera sencilla y silenciosa.

Que no nos acostumbremos a su cercanía,
que no pasemos de largo sin descubrirlo
en la oración, en la Palabra y en los hermanos.

Virgen atenta y contemplativa,
presenta ante tu Hijo nuestras intenciones
(silencio para la petición personal)

y danos un corazón que sepa ver
la luz de Dios en medio de nuestra historia.

Amén.

Padre nuestro que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

R/
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal.
Amén.

Dios te salve, María,
llena eres de gracia;
el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

R/
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R/
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
Amén.

Virgen de la Candelaria,
madre tierna y luminosa,
quédate con nosotros.
Ilumina nuestro corazón,
sostén nuestra esperanza
y guíanos siempre hacia Jesús.

Amén.

En el nombre del Padre,
y del Hijo y del Espíritu Santo,

Amén.

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