Primer domingo de Adviento:
30 de noviembre de 2025

Es tiempo de estar atentos a la presencia de Dios y prepararnos con esperanza para la llegada de Cristo.

Primer domingo de Adviento: vela morada encendida sobre una corona de ramas verdes y piñas, con fondo cálido y luces difusas.
Audio primer domingo de Adviento

Bendición inicial

En el nombre del Padre,
y del Hijo,
y del Espíritu Santo.
Amén.

Señor Jesús,

al comenzar este Adviento
queremos disponernos con
un corazón sencillo y vigilante.
Que la luz que hoy encendemos
fortalezca nuestra esperanza
y nos acompañe en este camino
hacia tu venida.

Amén.

Primera vela de
la corona de Adviento

La primera vela morada representa la vigilancia y la esperanza. La Iglesia nos invita a comenzar el Adviento con este color porque expresa la actitud interior con la que iniciamos el camino: un espíritu humilde, vigilante y dispuesto a volver a Dios.
Encenderla es un gesto sencillo que abre nuestra casa y nuestro corazón al Señor que viene.

Encendemos ahora en silencio la primera vela de nuestra corona de Adviento

Oración primer domingo de Adviento:
encender la primera vela

Padre de bondad,

hoy encendemos esta primera vela de Adviento
como signo de la esperanza que
Tú siembras en nosotros.
Que su luz ilumine nuestro hogar
y nos recuerde que estás cerca,
acompañándonos en cada paso.
Haznos vivir con fe este tiempo de espera.

Amén.

Meditación
primer domingo de Adviento

Meditemos un momento ante esta luz que acabamos de encender.
Que su claridad abra nuestro interior y prepare nuestro corazón para escuchar la Palabra de Dios.
Pidamos la gracia de acoger lo que el Señor quiere decirnos hoy, con atención, y con un deseo sincero de caminar en su presencia.

Evangelio del
primer domingo de Adviento

Mateo 24:37–44
(Reina-Valera Antigua – Dominio público)

Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre.
Mientras vivían comiendo y bebiendo, casándose y dándose en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca,
y no entendieron hasta que vino el diluvio y los llevó a todos; así será también la venida del Hijo del Hombre.
Entonces estarán dos en el campo; el uno será tomado, y el otro será dejado.
Dos mujeres estarán moliendo en un molino; la una será tomada, y la otra será dejada.
Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor.
Pero sabed esto: que si el padre de familia supiese a qué hora el ladrón habría de venir, velaría, y no dejaría minar su casa.
Por tanto, estad también vosotros apercibidos; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis.

Palabra de Dios

R/ Te alabamos Señor

Reflexión del
primer domingo de Adviento

La liturgia hoy nos dice: “Velad, porque no sabéis el día ni la hora.”

No es una vigilancia que nace del miedo, sino del amor. Quien espera a alguien querido, lo hace con alegría y con el corazón dispuesto.

Este Evangelio nos hace pensar que a veces podemos caminar dormidos: distraídos, cargados de ruido, sin notar la presencia del Señor que pasa discretamente a nuestro lado.

Despertar el corazón es volver a lo esencial, reconocer los pequeños signos de Dios y permitir que su luz nos renueve por dentro.

En este primer domingo, iniciamos un camino que quiere ser precisamente eso: un despertar suave del alma, un regreso al deseo de Dios y a la esperanza que nos prepara para una Navidad vivida con profundidad y sencillez.

Oración y bendición final
primer domingo de Adviento

Señor Jesús,

al comenzar este Adviento queremos abrirte el corazón.
Despiértanos de todo lo que nos adormece de la rutina,
del cansancio que apaga la esperanza
y de la prisa que nos impide encontrarte.

Enséñanos a velar con serenidad,
a vivir atentos a tu presencia,
y a reconocer tus pasos en nuestra vida diaria.

Que este tiempo sea para nosotros
un inicio nuevo, una oportunidad para acercarnos más a tí y preparar con amor tu venida.

Que el Señor nos acompañe en este Adviento
y haga crecer en nosotros la luz que hoy hemos encendido.
Que su paz ilumine nuestro hogar
y su presencia fortalezca nuestro camino hacia la Navidad.

En el nombre del Padre,
y del Hijo,
y del Espíritu Santo.


Amén.

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