Tercer domingo de Adviento:
14 de diciembre de 2025
Llegamos al domingo de la alegría. En medio del Adviento, la liturgia se ilumina y nos invita a reconocer la presencia de Dios.

Bendición inicial
En el nombre del Padre,
y del Hijo,
y del Espíritu Santo.
Amén.
Tercera vela de
la corona de Adviento
El Domingo Gaudete que llamamos así porque la liturgia nos invita a la alegria con la antífona Gaudete in Domino o Alégrense en el Señor.
La tercera vela, que es la rosada, es un respiro en medio de la espera: la luz aumenta, la esperanza crece y el corazón percibe que la salvación está cerca. Es un día para dejar que la fe despierte suavemente la alegría interior, incluso en medio de nuestras dudas o el cansancio del camino.
Encendemos ahora en silencio la tercera vela color rosado de nuestra corona de Adviento
Este domingo su luz se une a las de las semanas anteriores y permanecen encendidas las tres velas
Oración después de encender
la tercera vela la corona de Adviento
Padre bueno,
encendemos esta luz con gratitud.
Que su resplandor nos recuerde
que tu amor sostiene nuestra vida
y que la alegría nace cuando te dejamos entrar.
Acompáñanos en este camino hacia la Navidad.
Amén.
Meditación
tercer domingo de Adviento
Meditemos un momento antes de escuchar el Evangelio. Este domingo nos invita a reconocer los pequeños signos de luz que Dios ha ido poniendo en nuestro camino, incluso en esos días llenos de preguntas o incertidumbres.
La verdadera alegría nace al descubrir que Él sigue obrando en silencio, acompañándonos paso a paso.
Abramos el corazón a su Palabra y dejemos que su luz despierte en nosotros la esperanza que necesitamos.
Evangelio del
tercer domingo de Adviento
Mateo 11, 2–11 (RVA 1909)
Y Juan, oyendo en la cárcel los hechos de Cristo, envió dos de sus discípulos
a decirle:
¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro?
Y respondiendo Jesús, les dijo:
Id, y haced saber a Juan las cosas que oís y veis:
los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados,
los sordos oyen, los muertos son resucitados,
y a los pobres es anunciado el evangelio.
Y bienaventurado es el que no fuere escandalizado en mí.Y yéndose ellos, comenzó Jesús a decir de Juan a las gentes:
¿Qué salisteis a ver al desierto? ¿Una caña movida del viento?
¿O qué salisteis a ver? ¿Un hombre cubierto de vestiduras delicadas?
He aquí los que llevan vestiduras delicadas, en las casas de los reyes están.¿O qué salisteis a ver? ¿Un profeta?
Sí, os digo, y más que profeta.
Porque éste es aquel de quien está escrito:“He aquí, yo envío mi mensajero delante de tu faz,
el cual preparará tu camino delante de ti.”De cierto os digo: entre los que nacen de mujer
no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista;
pero el que fuere menor en el reino de los cielos, mayor es que él.
Palabra de Dios
R/ Te alabamos Señor
Reflexión del
tercer domingo de Adviento
El tercer domingo de Adviento nos muestra a Juan el Bautista en un momento de incertidumbre, preguntando si Jesús es realmente el Mesías, y esa escena nos recuerda que incluso los corazones más fieles pueden atravesar dudas.
Jesús no responde con teorías, sino con signos: los ciegos ven, los cojos caminan, los pobres reciben esperanza. En este domingo Gaudete, la alegría nace precisamente ahí: en descubrir que Dios actúa en lo concreto, que se acerca a la fragilidad humana para iluminarla desde dentro.
La verdadera alegría del Adviento no es euforia ni emoción pasajera, sino la certeza silenciosa de que Cristo está presente aun cuando no lo vemos del todo, y que su obra continúa incluso en los días donde también nosotros nos sentimos como Juan, esperando una respuesta.
Oración y bendición final
tercer domingo de Adviento (Gaudete)
Que el Señor, que viene a salvarnos,
ilumine nuestros corazones
con una alegría profunda y serena.
Que en medio de nuestras dudas
o cansancios sepamos reconocer
los signos de su presencia viva.
Que la luz de este domingo Gaudete
nos recuerde que Dios
camina con nosotros,
sostiene nuestros pasos
y nunca deja de amarnos.
En el nombre del Padre,
y del Hijo,
y del Espíritu Santo.
Amén.
