Dios llama en el tiempo perfecto — a propósito de San Agustín
Una reflexión inspirada en San Agustín: aunque el camino de fe sea distinto para cada uno, Dios llama de manera única.

Siempre pensé que San Agustín se había convertido ya de viejo, como alguien que después de una vida larga decide finalmente volver a Dios. Pero al conocer mejor su historia, descubrí algo sorprendente: se convirtió a sus 32 años, cuando todavía estaba buscando, dudando, probando caminos y tratando de entender su propio corazón.
Y esto me hizo pensar en mi propia vida.
Aunque muchos de nosotros fuimos bautizados desde pequeños, el camino no siempre es igual. A veces la fe parece dormida, otras veces se siente lejana, y otras simplemente no entendemos lo que otros viven con tanta naturalidad.
Recuerdo ver a mi mamá con ese amor tan profundo ante Jesús sacramentado… un amor que yo no sentía, que no comprendía, que me parecía ajeno. Ella vivía algo que yo no alcanzaba a ver.
Pero Dios tiene un tiempo para cada uno.
Años después, sin buscarlo del todo cuando tenía unos 33 años, sentí un llamado muy particular. Recibí una invitación para pertenecer a una comunidad donde crecí espiritualmente y donde descubrí que Dios siempre había estado ahí, esperándome como un papá amoroso. Y aunque siento que todavía me falta mucho, también sé que Él sigue llamando. Lo siento cuando me pregunto qué puedo hacer para aumentar mi fe o cómo puedo evangelizar.
Cuando pienso en San Agustín, en su búsqueda, en su inquietud y en su conversión adulta, siento que nadie llega tarde cuando Dios es quien llama. Cada historia es distinta, así como cada familia tiene su propio ritmo. San Agustín no llegó tarde. Yo tampoco. Dios tiene un tiempo para cada uno.
Oración
San Agustín,
tú que buscaste la verdad
y encontraste en Dios
el descanso de tu corazón,
intercede por mí.
Ayúdame a reconocer mis errores,
a escuchar la voz de Dios
y a permanecer abierto a su gracia.
Pide al Señor que fortalezca mi fe,
ordene mis amores
y me conceda sabiduría
para vivir según el Evangelio.
Que tu ejemplo me anime
a perseverar en la conversión
y a amar a Cristo con fidelidad.
Amén.

