Semillas espirituales de Nuestra Señora de Fátima
Sexto día: Iglesia doméstica: hogar de oración viva

Padre Reegan Soosai, CMF
Misionero Claretiano

La familia cristiana está llamada a ser una Iglesia doméstica: un hogar donde se aprende a amar, rezar, servir y vivir la fe cada día.

Ilustración religiosa sobre la Iglesia doméstica inspirada en la Virgen de Fátima, donde una familia reza unida alrededor de una mesa con la Biblia, el Rosario y una vela encendida, simbolizando el hogar cristiano como lugar de oración, fe y amor.

Cita: «Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo.» (Mt 18,20)

La familia como camino de regreso a Dios

Queridos hermanos y hermanas,

En mi parroquia en Canadá hay un joven que se llama Santiago. Su familia emigró a Canadá hace algunos años. Lo que dijeron sus padres me sorprendió:

“Padre, fue nuestro hijo quien nos trajo a la Iglesia de nuevo cuando estábamos muy alejados de Dios.”

Esto es el caso de San Carlo Acutis. Fue él quien trajo a sus padres a practicar la fe y de nuevo a la Iglesia.

La Iglesia doméstica según san Juan Pablo II

San Juan Pablo II habló muchas veces sobre la “Iglesia doméstica” para referirse a la familia cristiana. Él enseñaba que la familia no es solamente un lugar donde se vive juntos, sino el primer lugar donde se aprende la fe, el amor, la oración y los valores cristianos.

Una de sus frases más conocidas es:

“La familia cristiana constituye una revelación y una actuación específica de la comunión eclesial; por eso puede y debe decirse Iglesia doméstica.”
— Familiaris Consortio, n. 21

También decía que en la familia se transmite la fe a los hijos, se aprende a amar y perdonar, se vive la oración y se descubre la presencia de Dios en la vida diaria.

La misión de la familia cristiana

En Familiaris Consortio, san Juan Pablo II explica que la familia tiene cuatro grandes misiones:

1. Formar una comunidad de personas.

2. Servir a la vida.

3. Participar en el desarrollo de la sociedad.

4. Participar en la vida y misión de la Iglesia.

Otra cita importante:

“El futuro de la humanidad se fragua en la familia.”
— Familiaris Consortio, n. 86

“La familia es el santuario de la vida.”

Una cita bíblica que conecta mucho con esta enseñanza es:

“Yo y mi casa serviremos al Señor.” (Josué 24,15)

El ejemplo de la oración en familia

Quisiera contarles una experiencia personal:

Era el momento de la Jornada Mundial de la Juventud en Panamá en 2019 y llevé un grupo de jóvenes allá. Un día, después de hacer todas nuestras actividades, llegamos a la casa de acogida a las 10 de la noche, cansados y fatigados. Ya todo el mundo estaba preparándose para dormir. De repente, dice un joven de 18 años:

“Hoy no hemos rezado el Rosario, ¿podemos rezarlo juntos antes de dormir?”

yo me quedé sorprendido de la fe y constancia de este joven. Desde este momento, intento hacer el Rosario todos los días.

Pensaba dónde y cómo aprendió todo eso el joven. Le pregunté y él me dijo que es en su casa donde rezan todos los días.

¡Qué buen ejemplo, verdad!

Es importante escuchar música, ver películas y practicar deportes juntos también, y todavía más importante es rezar juntos como familia.

Las familias de hoy y el testimonio de la fe

Antes, cuando se hablaba de la familia, ya sabíamos que era un padre, una madre con niños y, a veces, con abuelos viviendo en la casa también. Hoy hay muchas definiciones acerca de la familia. Hay familia monoparental, hay familia reconstruida, hay familias con padre o sola madre.

La pregunta clave es cómo dar testimonio del amor y la verdad de la fe en nuestra familia y a través de nuestras familias.

El sacramento del matrimonio es un sacramento de servicio a la vida, a la sociedad y a la Iglesia. ¿Cómo familia lo estamos haciendo o no?

El mensaje de Fátima nació en familias sencillas

La Virgen de Fátima no apareció en un convento o en una capilla, ni en el seminario o en el obispado, sino en medio de la gente pobre y humilde, gente de casa y familias.

Vamos a ver un poco sobre eso:

En el tiempo de las apariciones de la Virgen en Fátima en 1917, la población era muy pequeña. La aldea de Fátima tenía aproximadamente entre 2,000 y 2,500 habitantes en toda la parroquia rural, incluyendo pequeños caseríos alrededor como Aljustrel, donde vivían los tres pastorcitos: Lucía dos Santos, Francisco Marto y Jacinta Marto.

Las familias de los pastorcitos de Fátima eran familias campesinas muy sencillas, profundamente católicas y acostumbradas a una vida dura de trabajo, oración y sacrificio.

Vivían en la pequeña aldea de Aljustrel, donde la mayoría de las personas dependían de la agricultura y del cuidado de animales.

La familia de Lucía dos Santos

Sus padres eran Antonio dos Santos y María Rosa.

Tenían varios hijos y eran una familia humilde. Su padre trabajaba en el campo y también hacía pequeños negocios agrícolas. Su madre era muy religiosa y enseñó a Lucía las oraciones, el catecismo y el amor a Dios. Ella insistía mucho en la honestidad y la disciplina.

Lucía ayudaba a cuidar ovejas, buscar agua, cocinar, trabajar en el campo y rezar el Rosario en familia. Lucía ya había recibido su Primera Comunión.

Lucía ya desde los 6 años tenía algunas visiones sobrenaturales de los ángeles que le enseñaban el amor a la Eucaristía y la adoración y reverencia para Jesús en la Eucaristía.

La familia de Francisco Marto y Jacinta Marto

Ellos eran hermanos. Sus padres eran Manuel Pedro Marto y Olimpia de Jesús.

También eran campesinos y criaban animales. Su padre era conocido por ser una persona sencilla y honesta. La madre tenía un carácter fuerte, pero era muy creyente.

Los niños desde muy pequeños llevaban las ovejas a pastar, recogían leña, ayudaban con la comida, trabajaban en las cosechas y rezaban juntos.

Ellos estaban preparándose para su Primera Comunión. Francisco y Jacinta llamaban a la Eucaristía “Jesús Escondido”.

Una vida sencilla llena de fe

¿Cómo era la vida cotidiana?

La vida diaria era muy simple: despertaban temprano, asistían a misa cuando podían, trabajaban largas horas, comían alimentos sencillos como pan, sopa, aceitunas y queso, no tenían electricidad ni agua corriente y muchas veces caminaban largas distancias.

Los niños pasaban mucho tiempo en el campo con las ovejas. Allí jugaban, cantaban, rezaban el Rosario y construían pequeñas casitas de piedra.

Precisamente mientras cuidaban las ovejas en la Cova da Iria recibieron las apariciones de la Virgen María en 1917.

Algo muy importante es que las familias vivían una fe muy natural:

  • el Rosario era parte de cada día,
  • había sacrificios y ayunos,
  • existía una gran confianza en Dios
  • y la pobreza no les quitaba la alegría.

Por eso el mensaje de Fátima nació en un ambiente de humildad, sencillez y fe profunda.

Educar en la fe desde el hogar

La segunda lectura de hoy nos dice que veneren en sus corazones a Cristo y estén dispuestos a dar razones para su esperanza. Quiere decir que debemos tener la formación espiritual e intelectual de nuestra fe en nuestros hogares.

A veces hay padres que nos dicen:

“Nuestros hijos nos hacen muchas preguntas sobre la fe y no sabemos cómo explicárselas.”

Pues primero nosotros mismos, como adultos, debemos tener una formación adecuada para comprender y vivir nuestra fe.

Sabemos que los niños aprenden por imitación, entonces es importante no solamente decirles que hay que rezar, que rezar es importante, que amar e ir a la iglesia es importante o que servir es grande, sino también mostrarles, con el ejemplo de vida, a través de gestos concretos de amor, servicio y fe.

El hogar de Nazaret como modelo

Muchas veces tomamos como ejemplo el hogar de Nazaret. No nos olvidemos que el hogar de Nazaret era un hogar reconstruido y recompuesto.

Ellos tuvieron sus momentos felices y tristes, sus días de alegría y esperanza y también de dificultades e incomprensión. Es un hogar perfecto en perdón, amor, servicio y búsqueda de la voluntad del Padre.

María y José educaron a Jesús para ser un buen hombre en la sociedad, ser fiel a Dios y ayudar a los más necesitados. Jesús recibió una formación sólida a través de la enseñanza y ejemplo de sus padres.

Hogares donde reine la paz y la fe

En el Evangelio de hoy, Jesús nos promete un Consolador, el Espíritu Santo, para llevar adelante el trabajo de evangelización y proclamación de la Buena Noticia.

Así que no tengamos miedo.

Ojalá que nuestra Madre María nos ayude a que nuestros hogares sean hogares de Nazaret y que sean una verdadera Iglesia doméstica donde reine la paz, la alegría, el perdón y el amor. Amén.

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