Nuestra Señora de los Dolores:
los Siete Dolores, fiesta y oración
Nuestra Señora de los Dolores es la advocación que contempla a la Virgen María unida al sufrimiento y a la entrega redentora de su hijo Jesucristo.

María permaneció fiel junto a Jesús desde su infancia hasta la cruz. La devoción a Nuestra Señora de los Dolores contempla las pruebas que atravesó como madre y discípula, sin separar su sufrimiento de la confianza en Dios y de la esperanza de la Resurrección.
Al acudir a la Virgen Dolorosa, los cristianos encuentran una madre cercana al sufrimiento humano. En ella pueden encontrar consuelo quienes atraviesan una enfermedad, una pérdida, una preocupación familiar o cualquier momento difícil de la vida.
¿Quién es Nuestra Señora de los Dolores?
Nuestra Señora de los Dolores es una advocación de la Virgen María que contempla su sufrimiento y su fidelidad durante la vida, Pasión y muerte de Jesucristo. María acompañó a su Hijo en momentos profundamente dolorosos y permaneció junto a Él al pie de la cruz.
Esta advocación es conocida también como Virgen de los Dolores, Virgen Dolorosa o Mater Dolorosa. En diferentes lugares encontramos además advocaciones como Nuestra Señora de las Angustias o representaciones de la Piedad, estrechamente relacionadas con la contemplación del dolor de María, aunque pueden tener una historia y una tradición propias.
Una de las representaciones más conocidas muestra a María con siete espadas atravesando su corazón. Cada espada simboliza uno de los Siete Dolores que la tradición cristiana contempla en la vida de María. También es frecuente encontrarla junto a la cruz o sosteniendo el cuerpo de Jesús después de su muerte.
La devoción a Nuestra Señora de los Dolores nace del amor y la confianza en María como madre de Jesús. Los católicos la veneran como modelo de fe y acuden a su intercesión, reconociendo que la adoración pertenece solo a Dios.
¿Cuándo se celebra Nuestra Señora de los Dolores?
La Iglesia celebra la memoria de Nuestra Señora de los Dolores el 15 de septiembre, un día después de la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz.
La devoción a los dolores de María se desarrolló durante siglos y fue impulsada especialmente por la Orden de los Siervos de María (Servitas), orden religiosa que contribuyó ampliamente a su difusión.
En 1814, el papa Pío VII extendió la celebración a toda la Iglesia latina y la situó en el tercer domingo de septiembre. Posteriormente, en 1913, san Pío X trasladó la memoria al 15 de septiembre, fecha que continúa vigente en el calendario romano.
¿Es lo mismo el 15 de septiembre que el Viernes de Dolores?
No son exactamente la misma celebración. El 15 de septiembre corresponde actualmente a la memoria litúrgica de Nuestra Señora de los Dolores, mientras que el Viernes de Dolores pertenece a una tradición anterior vinculada a los días previos a la Semana Santa.
Durante siglos existieron celebraciones dedicadas a los dolores de María en distintos momentos del calendario. Una de ellas se celebraba el viernes anterior al Domingo de Ramos, mientras otra terminó dando origen a la celebración de septiembre. Con la reforma del calendario litúrgico quedó el 15 de septiembre como memoria de Nuestra Señora de los Dolores.
¿Cuáles son los Siete Dolores de la Virgen María?
Los Siete Dolores de la Virgen María son siete acontecimientos de su vida en los que acompañó con fe el sufrimiento y la misión redentora de Jesucristo. Al contemplarlos, nos acercamos a María como madre y discípula que permaneció fiel incluso en las circunstancias más difíciles.
La profecía de Simeón
Cuando María y José llevaron al niño Jesús al Templo, Simeón anunció que aquel niño sería signo de contradicción y le dijo a María: «a ti misma una espada te atravesará el alma» (Lucas 2, 34-35). Desde los primeros años de Jesús, María recibió así el anuncio de que su camino como madre estaría unido al sufrimiento de su Hijo.
Este primer dolor invita a confiar en Dios incluso cuando no conocemos lo que nos espera.
La huida a Egipto
Después de la visita de los Magos, José recibió en sueños la indicación de huir a Egipto porque Herodes buscaba al niño para matarlo. María dejó su hogar y emprendió con José y Jesús el camino hacia una tierra extranjera para proteger la vida de su Hijo (Mateo 2, 13-15).
La huida a Egipto sigue siendo hoy un motivo de oración para quienes deben abandonar su hogar y afrontar la incertidumbre en busca de seguridad.
La pérdida de Jesús en el Templo
Durante una peregrinación a Jerusalén, María y José descubrieron que Jesús, que tenía doce años, no estaba con ellos. Lo buscaron durante tres días hasta encontrarlo en el Templo, sentado entre los maestros (Lucas 2, 41-50).
Muchas personas encuentran consuelo en este dolor cuando atraviesan momentos de incertidumbre.
El encuentro de María con Jesús camino del Calvario
La tradición cristiana contempla este encuentro entre María y Jesús mientras Él lleva la cruz hacia el Calvario. Este episodio forma parte del viacrucis, aunque el encuentro entre Madre e Hijo no está narrado explícitamente en los Evangelios.
María nos muestra aquí el valor de permanecer cerca de quien sufre, incluso cuando no podemos cambiar lo que está viviendo.
La crucifixión y muerte de Jesús
María permaneció junto a la cruz mientras Jesús era crucificado. El Evangelio de Juan la sitúa allí cuando Cristo, viendo a su madre y al discípulo amado, les dice: «Mujer, ahí tienes a tu hijo» y «Ahí tienes a tu madre» (Juan 19, 25-27).
Su presencia al pie de la cruz manifiesta una fidelidad que permanece en medio del dolor y nos invita a acercarnos a Cristo también en nuestros momentos más difíciles.
María recibe el cuerpo de Jesús descendido de la cruz
Después de la muerte de Jesús, José de Arimatea pidió a Pilato permiso para retirar su cuerpo y prepararlo para la sepultura (Juan 19, 38-40). Los Evangelios no describen expresamente el momento en que el cuerpo de Cristo es puesto en brazos de María; esta escena pertenece a una antigua tradición cristiana y ha inspirado una de las representaciones más conocidas del arte cristiano: la Piedad.
Contemplar este dolor nos acerca especialmente a quienes han sufrido la muerte de una persona amada y necesitan atravesar el duelo sostenidos por la fe.
La sepultura de Jesús
Los Evangelios narran que el cuerpo de Jesús fue colocado en un sepulcro después de ser preparado para la sepultura (Juan 19, 40-42). Lucas menciona además a las mujeres que habían acompañado a Jesús desde Galilea y que observaron dónde quedaba su cuerpo (Lucas 23, 55-56).
Este último dolor conduce al silencio del sepulcro, pero no termina allí la historia cristiana. La espera se abre a la Resurrección y a la esperanza de que la muerte no tiene la última palabra.
Salve a Nuestra Señora de los Dolores
Una salve es una oración de saludo, alabanza y súplica dirigida a la Virgen María. Existen distintas composiciones dedicadas a la Virgen Dolorosa; La siguiente es una oración original inspirada en María como madre fiel junto a la cruz y en la esperanza cristiana de la Resurrección.
Salve, María, Madre de Jesús y Madre nuestra,
mujer fiel que permaneciste junto a tu Hijo
cuando el dolor llegó hasta la cruz.
Salve, Virgen Dolorosa,
tú que conociste la angustia, la incertidumbre y la pérdida,
acoge a quienes hoy llegan a ti con el corazón herido.
Acompáñanos cuando el camino se haga difícil,
cuando la enfermedad visite nuestro hogar,
cuando suframos la ausencia de alguien que amamos
o cuando no encontremos respuesta a nuestras preguntas.
Intercede por nosotros ante Jesús
y enséñanos a permanecer firmes en la fe,
a confiar en Dios en medio de las dificultades
y a estar cerca de quienes necesitan nuestra compañía.
Madre de los Dolores,
que al contemplar contigo la cruz
sepamos mirar también hacia la Resurrección.
Llévanos siempre hacia tu Hijo
y ayúdanos a poner nuestra esperanza en Él.
Amén.
Oración a Nuestra Señora de los Dolores
Esta oración a Nuestra Señora de los Dolores nos ayuda a confiar nuestras penas, preocupaciones y esperanzas a la Virgen María, pidiéndole que interceda por nosotros ante Jesucristo. Podemos rezarla en momentos de enfermedad, duelo, preocupación familiar o siempre que deseemos encontrar consuelo junto a María al pie de la cruz.
Nuestra Señora de los Dolores,
Madre de Jesús y Madre nuestra,
hoy me acerco a ti con confianza.
Tú permaneciste junto a tu Hijo al pie de la cruz
y conociste el dolor de verlo sufrir sin apartarte de Él.
Acompáñame también a mí en este momento
y presenta ante Jesús aquello que llevo en el corazón.
Intercede por los enfermos y por quienes los cuidan,
Acompaña a las familias que atraviesan dificultades,
consuela a quienes lloran la muerte de un ser querido
y fortalece a quienes viven momentos de soledad,
miedo o incertidumbre.
Madre Dolorosa, dame fortaleza cuando me sienta débil,
fe cuando no comprenda lo que sucede
y esperanza para continuar el camino confiando en Dios.
Enséñame también a mirar a mi alrededor,
a acercarme a quien necesita compañía,
a consolar con sencillez
y a permanecer al lado de quien sufre.
Llévame siempre hacia Jesús.
Que al contemplar su cruz
no pierda de vista la Resurrección
y aprenda a confiar cada día más en su amor.
Nuestra Señora de los Dolores,
ruega por nosotros y acompáñanos
en nuestro camino hacia Cristo.
Amén.
